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El investigador Pedro Alonso.

El investigador Pedro Alonso. josé navarro

Pedro Alonso es director del Programa Mundial de la Malaria de la Organización Mundial de la Salud y ha recibido el Príncipe de Asturias. Ha conseguido sacar adelante una vacuna efectiva contra la malaria y, lo más importante, llevar conocimiento a África. Esta semana recibió el Premio Balmis del Rotary Club Alicante

 Usted lucha contra la malaria y el doctor Balmis luchó contra la viruela. Ahora recibe el premio que lleva su nombre.

-Yo soy un gran fan de Balmis y que me den un premio que lleva su nombre es un orgullo enorme. No estoy ni remotamente a la altura de Balmis, que es una de las grandes figuras de la salud pública mundial y un gran desconocido también. Hizo algo extraordinario, pero somos un país con memoria corta. Es triste ver lo poco conocido que es con lo que hizo y con lo que España hacía en aquella época en la que lideraba en el mundo en el campo de la investigación.

 Ya hay vacuna contra la malaria y está previsto que empiece a aplicarse este año.

-La malaria es una enfermedad mucho más complicada que la viruela o la polio. La viruela es la primera y, hasta ahora, la única enfermedad que se ha erradicado y estamos cerca de poder erradicar la polio. Erradicar es una palabra gruesa, es hacer desaparecer una enfermedad del planeta. Ahora tenemos una primera generación de vacunas contra la malaria que ha pasado todos los filtros, recomendada por la Agencia Europea del Medicamento, y antes de fin de año la OMS apoya a tres países, Kenia, Malawi y Ghana, para que empiecen a desplegarla. Eso es un hecho histórico porque por primera vez se empezará a aplicar de forma rutinaria. Es imperfecta, con una eficacia de entre el 30 y el 40%, que está muy bien, pero no es una herramienta que nos permita erradicar la malaria.

 En los últimos años las cifras apuntan a que la tasa de mortalidad por malaria se han rebajado un 60%. Pero, ¿se podría hacer más si afectara al primer mundo?

-La ultima década ha sido prodigiosa en la lucha contra la malaria. Pero hay más de 216 millones de casos al año y 445.000 muertes. Es como si muriesen al año más ciudadanos de los que tiene Alicante. Además, el último informe de la OMS alerta de que hemos dejado de progresar ya. En España se erradicó en una fecha reciente, en 1962, igual que en Estados Unidos o Italia. La historia de la humanidad está ligada a la malaria. Lo que pasa es que después de la Guerra Civil se consiguió eliminar. La pregunta de por qué entonces no se hace lo mismo en otros sitios es porque aquí era relativamente fácil. El problema de África es que es una enfermedad muy asentada con unos condicionantes que para la malaria es Disneyland. Pero está claro que si nos siguiera afectando el esfuerzo de investigación sería mucho mayor. Como ocurre con el sida. Es lo que se llaman fallos de mercado. No hay atractivo para la inversión de las farmacéuticas.

 El sida ha sido otra de sus líneas de investigación. ¿Habrá también vacuna contra el sida?

-Bueno, contra la malaria tenemos una, pero necesitamos una mejor. Contra el sida no tenemos ninguna. Me da la impresión de que se ha perdido un poco el estímulo de buscar una vacuna porque los tratamientos que hay ahora son muy buenos.

 Galardones ha conseguido muchos, como el Premio del Conocimiento de Cooperación al Desarrollo de la Fundación BBVA o el Balmis. ¿Siente que su trabajado es reconocido?

-Mucho. He recibido más reconocimiento del que posiblemente sea razonable o justo, pero en general, o siempre, lo he interpretado como un reconocimiento a la cabeza visible de un equipo que creo que hemos sido pioneros porque consideramos que la ciencia y el conocimiento son formas estrategias de cooperación internacional. El discurso de los 80 era muy de cooperación, entendida como acción humanitaria. Y todo eso está muy bien, pero nosotros quisimos romper ese círculo vicioso de enfermedad y pobreza a través del conocimiento. No es sólo ayuda o voluntarismo. Creemos que la cooperación es poner al servicio de los más pobres del planeta la fuerza de la ciencia y la forma de salir de la pobreza es a través de la ciencia. Es ir a los sitios, crear infraestructuras y formar a la gente.

 ¿Hemos maltratado a la ciencia en España?

-Creo que no hay política científica en nuestro país y el gobierno ha abdicado completamente de considerar la investigación como una estrategia. No puedo dejar de ser crítico. A finales de los 80 este país tenía una inversión en ciencia que iba creciendo y la ciencia española se estaba colocando en un buen lugar internacional. La crisis se llevó todo por delante. Ahora llevamos años creciendo pero la inversión no se ha recuperado. Esto es una acción deliberada de este gobierno que es un enemigo de la ciencia y del conocimiento, porque al final esto es un tema de prioridades. Dicho lo cual, también digo que la sociedad tampoco lo reclama; si la sociedad lo reclamara, hasta este gobierno que no es amigo de la ciencia respondería. Esta sociedad nuestra ha renunciado a ser un actor sustancial en la frontera del conocimiento. Junto a la educación, la ciencia es uno de los pilares de nuestro futuro.

 ¿Nuestra salud es mejor ahora que hace dos décadas?

-Lo que ha pasado en los últimos 150 años no había ocurrido nunca. La esperanza de vida ha aumentado a nivel global 30 años, mientras que en los 3.000 años previos igual había aumentado cinco. Es una auténtica revolución y nunca se había vivido ni tanto ni tan bien, pero el reto es la desigualdad. Pensar si puede haber ébola o pandemia de gripe, pues no lo sabemos, pero estamos mejor preparados. Cuando la esperanza de vida estaba en los 45 años no daba tiempo a desarrollar algunas enfermedades que se dan más tarde.

 Mientras su reto es buscar vacunas hay un sector de la población que se niega a vacunar a sus hijos.

-Las vacunas son, sin la más mínima duda, la gran herramienta de la salud pública en el mundo. Esos movimientos antivacunas son de una irresponsabilidad abismal, generan dudas sin base científica alguna y acaban causando daños no solo a ellos. En otros países no pasa porque la vacunación es obligatoria. Aquí hay una especie de buenismo mal entendido y es una abdicación de la responsabilidad pública.

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